Historia
Isla de A Toxa
HISTORIA DE LA ISLA DE A TOXA

HISTORIA DE LA ISLA DE A TOXA

Isla de A Toxa

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Quizá el hecho definitorio de una isla como A Toxa sea la proverbial riqueza de sus aguas termales, que han dado lugar a leyendas como la del burro que se curó milagrosamente en sus lodos y en cuyo honor se ha inaugurado una estatua recientemente conmemorando dicho episodio.

Como el sello de identidad de A Toxa son sus aguas, la historia de la isla tiene necesariamente que comenzar por ahí. En 1841, el químico monfortino Antonio Casares elaboró un estudio de las aguas de A Toxa donde se observaban metales como hierro, calcio, sodio y magnesio, lo que, unido a unas altas temperaturas, entre los 30 y los 60 grados, podría ofrecer beneficios a la hora de tratar determinadas enfermedades. En ese año de 1841 se funda la primera sociedad para explotar las aguas de nuestra isla, declaradas de utilidad pública, y cuando, también, se construyen unas humildes casetas de madera para que los visitantes que así lo deseasen pudiesen tener un alojamiento mientras seguían las pautas para recuperarse de sus dolencias.

Aunque en 1841 se publica el estudio de Casares, conocemos que, al menos, desde una o dos décadas antes, había gentes que acudían a los baños de A Toxa, isla que, dicho sea de paso, vivió muchos problemas con la propiedad de sus terrenos a lo largo del siglo XIX y durante una parte del XX.

Desde 1841 tiene lugar la puesta en marcha de un incipiente mercado relacionado con las aguas minerales de A Toxa, que se incrementará con el paso de las décadas. Llegados al cambio de siglo, el establecimiento balneario de nuestra isla vivirá una etapa de apogeo que la convertirá en un referente esencial, no solo a nivel gallego sino también estatal, pugnando con el también pontevedrés balneario de Mondariz en los escalafones más altos de los ránquines con más visitantes. Esta tendencia al alza se verá frenada en 1936, cuando comience la Guerra Civil y el Gran Hotel, sin ir más lejos, se convierta en un hospital de sangre.

Un hito en la historia de la isla de A Toxa se produce el 7 de abril de 1903, cuando se redactan los “Estatutos de la compañía anónima La Toja”, por escritura pública, otorgada en Pontevedra ante el notario Valentín García Escudero. La Compañía Anónima La Toja tiene como objetivos la explotación de los manantiales minero-medicinales “sitos en la Isla Loujo ó Toja Grande”, la de todas las industrias que se relacionen directa o indirectamente con los mencionados manantiales, y la adquisición de bienes y derechos, así como la construcción de edificios y vías de comunicación. El capital de la Sociedad será de 6 millones de pesetas iniciales, que se podrían ampliar en el momento en que las necesidades de explotación así lo demandasen.

José Riestra López, el I Marqués de Riestra, jugó un papel esencial en este contexto. Durante las dos primeras décadas del siglo XX, parece ser él quien domina el Consejo de Administración de la Sociedad. En estos años también es la Sociedad la que lleva a cabo la mayoría de las obras destinadas a configurar y ordenar la isla de A Toxa. Los tres años que van de 1914 a 1916, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial, son los que arrojan unas cifras de bañistas que visitan la isla más elevada.

Tenemos, por lo tanto, cuando nace el siglo XX, una serie de iniciativas empresariales que van a dar un notable impulso a la isla, tanto a nivel económico como turístico. Además de la sociedad que se constituye en el año 1903, en A Toxa surgirá una fábrica de jabones que comenzará su comercialización en 1905, precisamente impulsada por la sociedad anónima La Toja. Pero lo que hace a esta fábrica peculiar es que en origen no se había pensado en los jabones desde el punto de vista comercial, sino como un reclamo para exportar la marca de A Toxa. Los jabones se fabricaban con una cantidad tan alta de sal, que esto trajo como consecuencia que los pacientes que tenían enfermedades relacionadas con la piel mejorasen. Esto catapultó la fábrica de jabones, que tuvo que ampliarse en el año 1934 ante la creciente demanda. Y, aunque hoy en día, la fábrica de jabones de A Toxa ya no existe, continúa siendo un reclamo publicitario de primer orden en el mundo de la cosmética.

En 1899 se convoca un concurso internacional para la construcción de un gran hotel-balneario en la isla de A Toxa, que va a lograr el arquitecto ourensano Daniel Vázquez Gulías, en pugna con otros arquitectos franceses y alemanes. La idea era emular el arte y la estructura de otros balnearios europeos, como el de Vichy, en Francia, o el de Marienbad, en Alemania. La obra, que fue la primera construcción de hormigón armado de Galicia y contaba con dos pabellones, una sala y un casino conectados por una galería, se comenzó a realizar en 1905 y dos años más tarde, en 1907, era inaugurado.

Un elemento esencial para las comunicaciones de la isla fue el puente que une la isla de A Toxa con el continente, realizado entre 1908 y 1910. Augusto González Besada, por aquel entonces diputado por la circunscripción de Cambados y ministro de Fomento, logra que el proyecto dentro del que estaba englobada la construcción del puente sea aprobado sin debate. En el momento de su inauguración, en julio de 1910, el primer coche que atravesó el puente fue el de unos periodistas ingleses, poniendo fin, de esta manera, a la necesidad de acceder a la isla o bien por mar, o aprovechando las ocasiones en que había marea baja.

El Gran Hotel alojó a personajes fundamentales del mundo de la política, los negocios, el deporte o la cultura. No se trata de hacer una larga nómina de todos aquellos que pisaron sus pasillos, pero sí conviene mencionar a algunos de los más relevantes, como Emilia Pardo Bazán, Severo Ochoa, Gabriel García Márquez, Lola Flores o Julio Iglesias. La dedicatoria escrita por el obispo emérito de Santo Domingo es muy expresiva en cuanto a lo que suponía pasar una estancia en A Toxa: “Como obispo ya puedo decir que he conocido la antesala del cielo. Galicia es única; para pórtico el de la Gloria de Santiago y para Hotel el Gran Hotel de La Toja”.

En este sentido, cabe destacar que durante el fin de semana del 12 al 14 de mayo del año 1989 se produjo en nuestra isla la reunión del conocido Club Bilderberg. La cita contó con extraordinarias medidas de seguridad, que hicieron de A Toxa un fortín. Por supuesto asistieron Juan Carlos y Sofía, por aquel entonces reyes de España, en calidad de anfitriones, No faltaron personajes de la talla de David Rockefeller Sr y Jr, Lord Carrington (exsecretario general de la OTAN), altos ejecutivos de periódicos internacionales o el presidente del gobierno de España del momento, Felipe González. Y es que no fue extraño ver al exsecretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, pasear por O Grove y comer en el restaurante El Crisol, o a la antigua reina Beatriz de los Países Bajos tomando un café en el antiguo bar Padín, donde Lucho y Carmen realizaban el que, se comentaba, era el mejor café de O Grove.

Actualmente, A Toxa continúa siendo un reclamo turístico de primera magnitud y un punto de referencia a nivel gallego. A su espléndida oferta termal se une, como sucede también en el caso de O Grove, una ubicación que permite disfrutar de la naturaleza, ya sea dando un paseo por el monte central, bautizado desde abril de 2022 con el nombre de su primer alcalde en democracia, Xaquín Álvarez Corbacho, o bien disfrutando de las playas que ofrece. Pero lo cierto es que, a pesar de estas potencialidades que posee A Toxa, quizá sería bueno alcanzar un acuerdo que lograse que la isla volviese al esplendor de antaño y, de ese modo, tratar de reverdecer esos antiguos laureles que la hicieron pionera en tantos ámbitos.

Bruno Padín Portela, Doctor en historia