Este capítulo forma parte de toda una descripción apasionante de intrigas, de traiciones, de problemas vecinales y sobre todo de poder. Aunque el relato intenta explicarnos aquel famoso incendio que hubo en 1899, también quiere hacer un homenaje, a nuestras gentes, a aquellas que forman parte del recuerdo de nuestra historia y por eso está dedicado a una de las hospederías más antiguas que tuvo esta villa y, especialmente, su familia.
El incendio de la venganza
El de 11 de noviembre de 1899 se alzó una tremenda ola de fuego, roja, viva, intensa que dejaba una colosal marca en el cielo donde se construyera el viejo Balneario de A Toxa. En aquella época finisecular eran pocos los núcleos habitables que podían ver con claridad lo que estaba ocurriendo. Sin duda, los primeros que percibieron aquel pavoroso incendio fueron los habitantes de la aldea de A Graña y algunas contadas viviendas aisladas, como la Pensión Casablanca que se encontraba construída, no muy lejos de donde estaba la embarcación que cada mañana y durante todo el día, hacía el viaje entre la isla y O Grove, ese lugar donde hoy está el Puente que une la isla con la villa.
La actual calle de Teniente Domínguez, aún sin construir, eran campos de labradío sin ninguna vivienda en el entorno y el núcleo urbano lejos, y distante, se llegaba a través de antiguas congostras que una década más tarde desaparecerían para transformarse en una amplia y recta carretera llamada durante años, Augusto González Besada. Esa es otra interesante historia para contar.
Generosa García Boullosa, que había nacido en 1884, regentó durante años posiblemente una de las primeras hospederías de la localidad que había abierto sus puertas en el siglo XIX. Sus padres proporcionaban un alojamiento a los bañistas del balneario a unos precios mucho más económicos que en la propia isla. La vieja Generosa relataría en los años 70 aquel incendio en el complejo termal de los Mestre como el más antiguo que su memoria podía rescatar de aquellos tiempos pasados. Sus padres y ella, pequeña con apenas quince años, contemplaron desde la hospedería como se confundía y disipaba una tremenda humareda negra en la noche invernal del mes de noviembre. La alarma se hizo pólvora en la localidad y en masa acudieron los marineros con sus embarcaciones.
El alcalde de O Grove, Francisco Otero Moraña, consternado por el suceso, enviaría un telegrama al Gobierno civil detallando lo ocurrido:
“Primeras horas de la noche de ayer ocurrió incendio balneario Toja quedando reducido a cenizas casa baños moderna y pensión Mestre antigua. Según huellas incendio prodújose intencionadamente. Detallo ocurrido por correo. Doy conocimiento Juez Instrucción”
Desde aquel momento el juez instructor de Cambados y el Teniente Fiscal de la Audiencia buscarían los culpables de aquel desastre.
Aquella terrible noche de otoño, la villa de O Grove fue llegando en dornas surcando el mar hasta el lugar de A Vía, vararon unos en la playa y atravesaron la isla hasta los pies del balneario. Otras probablemente llegaron a través del muelle viejo (Muelle del hotel Louxo) y con lo que pudieron, intentaron sofocar el incendio con el agua del mar. Los edificios construidos a principios de la década de 1880 eran pasto de las llamas que se propagaban descontroladamente y aún , a pesar de los esfuerzos de la población, gran parte del establecimiento quedaría reducido a cenizas.
Tres días más tarde, las autoridades confirmaban que el incendio había sido totalmente intencionado pues, en diferentes puntos del establecimiento, se habían hallado pruebas incriminatorias da quema: pedazos de esponjas empapadas en petróleo se descubrieron por el entorno al lado de cerillas quemadas, el edificio llamado Casa Blanca con las ventanas parcialmente calcinadas, estaban asperjadas con el mismo líquido inflamable y el hecho de que el fuego hiciera su presencia en tres edificios distanciados unos de otros, llevó claramente a la conclusión de que el siniestro no era casual ni motivado por un accidente.
La inmediata colaboración de los mecos impidió que el resto del balneario fuera pasto de las llamas quedando reducido solamente a las construcciones que habían sido incendiadas premeditadamente.
En la localidad aquel incidente lo atribuían a una venganza personal contra la familia de los Mestre y Solá pues no era entendible, como habiendo más edificios y propietarios, solamente habían estado afectados los suyos. Dos de las construcciones quemadas se hallaban a una distancia de cien metros una de la otra, y la tercera ubicada enfrente de la pensión como almacén de ropas durante el invierno, no había llegado a arder milagrosamente. Era el edificio de hospedaje Casa Blanca.
El fuego redujo totalmente a cenizas el edificio destinado a los baños, lo que afectó seriamente a las pilas de mármol del establecimiento. Su director médico, Vicente García Millán, escribía en la memoria balnearia de 1899 que “gracias a los prontos auxilios enviados de O Grove, pudo sofocarse el siniestro, pero no sin que hubiera que lamentar pérdidas materiales de relativa cuantía. Pongo entre ellas, como una de las más sensibles el cuarteamento, por efecto del calor, de las quince hermosas pilas, labradas cada una en una sola pieza de mármol de Carrara, que eran gala del establecimiento de baños, y que quedaron completamente inútiles.”
El balneario antiguo de madera, había sido devorado por las llamas y reducido a cenizas dejando en el espacio que ocupaba un imagen siniestra y desvencellada en la que se alzaban en pie, sobre un amasijo de madera quemada, las pilas rotas del mármol blanco de Carrara. Una pérdida patrimonial importante de unas bañeras que hoy serían piezas de museo.
¿Quién lo incendió? ¿Cual fue la razón? quizás la explicación habría que procurarla unos meses antes, en el verano de 1899… pero eso ya es parte de otro capítulo.
Francisco Meis Durán, Investigador da Historia local grovense